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lunes, 1 de febrero de 2016

Humedales en Extremadura: ¿debemos preocuparnos?

Estos días se está celebrando el Día Mundial de los Humedales, un evento anual impulsado por la Secretaría de Convenio de Ramsar, que conmemora este histórico acuerdo internacional para la protección de los humedales, firmado un dos de febrero de hace ahora 45 años.

Cuando hacemos alguna actividad para celebrar este día (excursiones, jornadas con escolares, etc) todo tiene un doble sentido: por un lado celebramos que nuestros humedales son ahora en general espacios protegidos y valorados. Pero por otro lado, seguimos dando la voz de alarma sobre muchos problemas que no solo perduran, sino que en ocasiones son nuevos y a veces incluso, más complejos que los intentaban atajar los firmantes de Ramsar en la década de los setenta.

Sin embargo, creo que mucha gente en Extremadura tiene la impresión de que las zonas húmedas en nuestra región y las especies asociadas a ellas, viven un periodo de prosperidad y bonanza. Los mensajes que nos llegan son siempre positivos (tenemos la mayor extensión de aguas interiores, la playa de Orellana ha conseguido de nuevo la bandera azul, cada vez hay más y más grullas y los regadíos están llenos de aves y son la caña en biodiversidad ...). La impresión es que las amenazas sobre nuestros humedales son pequeñas, ajenas e incluso inexistentes. No me extraña que muchos acaben pensando que las ONGs ambientales exageran los pocos problemillas que pueda haber, para justificar su razón de ser.

En el mundo de hoy en día, la información lo es todo y si los principales medios de información no se hacen eco de un problema, si lo ignoran o no le dan importancia, parece que como por arte de magia, ese problema realmente no existe o no tiene efectivamente importancia. Claro que el encantamiento se rompe cuando el problema estalla ante los ojos de la gente y es imposible entonces ignorarlo.

Cauce del Jerte en septiembre de 2015 (cortesía del Diario HOY)
Un buen ejemplo es el caso del río Jerte este verano pasado, un río serrano que acabó prácticamente seco en su cauce, en el curso medio del Valle. Nunca se había visto nada igual, al menos desde que puedo recordar y os aseguro que ha habido sequías bastante más severas que la sufrida en la primavera-verano de 2015. Y es que la falta de precipitaciones no es el problema que está alterando así este río, sino el abuso generalizado que se hace de él (exceso de cultivos, exceso de riego, captaciones ilegales, no reposición de las aguas residuales, etc). Pero aquí no pasa nada: el Valle del Jerte es maravilloso, los turistas vienen a ver el cerezo en flor y las refrescantes piscinas naturales de sus pueblecitos, el dinero de las exportaciones de cereza y del turismo sigue entrando y si hay que seguir sacando agua ¿que más da?. Aquí no pasa nada... hasta que el río se seca un verano, las piscinas no renuevan sus aguas en meses, nos damos cuenta de que ya no hay cigüeñas negras o desmán ibérico en el Valle y los malditos ecologistas acaban protestando en los periódicos. Y entonces... al igual que en la fábula del Traje Nuevo del Emperador, el echizo se rompe y mucha gente se da cuenta de que el medio ambiente del Valle del Jerte está en pelotas, o sea, que tiene problemas graves: su bello paisaje en muchas zonas no es más que un recuerdo de nuestra juventud e incluso el río que le da nombre, de aguas cristalinas y refrescantes, está cada vez más cerca de convertirse muchos veranos en una sucesión de charcos y pedregales secos, al igual que las gargantas y torrentes que lo alimentan.


Bueno, un árbol no hace un bosque, como dirían algunos. ¿Se trata de un caso puntual o quizá existen otros problemas en nuestros humedales que permanecen también ocultos o disimulados?.

¿Qué me decís del jacinto de agua o camalote?, otra grave amenaza que ha permanecido en la cara oscura de la actualidad hasta que su evidente descontrol ya no se podía disimular. Se trata de una especie exótica invasora de características aterradoras, potencialmente quizá uno de los mayores peligros para nuestros humedales, completamente indefensos ante este colonizador implacable, que supera y acaba con el resto de vegetación acuática, tapona los cauces y los priva de la indispensable luz solar, matando todo bajo ellos.

SEO tiene algo de experiencia en la lucha contra especies invasoras, después de varios años coordinando campañas de voluntariado para erradicar el caracol manzana en el Delta del Ebro o varias especies de plantas invasoras en los estuarios y marismas cantábricas. Pero como esto no habíamos visto nada.

voluntarios de SEO retirando caracol manzana en el Delta del Ebro
La Confederación Hidrológica del Guadiana (CHG) insiste en tomar medidas para retirarlo sólo cuando ya es evidente su explosión a lo largo de la primavera y verano, movilizando equipos y maquinaria que en buena parte, aportan empresas privadas mediante jugosos contratos. No hay nada de malo en ganar dinero con un trabajo necesario, pero ¿porqué la CHG se empeña en actuar solo cuando hay miles de toneladas de camalote, mientras los expertos de la UEX insisten en que la mejor forma de combatir a este invasor es la alerta temprana al inicio de la reactivación biológica de los brotes y semillas (febrero-marzo), así como la actuación directa para eliminar las primeras plantas germinadas, antes de su desenfrenado desarrollo en la época de calor?.

SEO y la Plataforma SOS Guadiana ofrecimos en noviembre de 2015, tanto a la CHG como a la Junta de Extremadura, un proyecto para coordinar un voluntariado ambiental por todo el guadiana (ONGs, asociaciones de pescadores, de vecinos, etc) que pudiera formar una red de alerta temprana para la localización y eliminación puntual de pequeños brotes. Hasta la fecha no hemos obtenido ninguna respuesta.

Río Almonte en la actualidad
Existen muchas dudas sobre lo que está pasando, muy bien expresadas en el artículo de mi amigo Pedro Brufao (ver artículo aquí) una amistad que por cierto perdura desde 2005, cuando luchamos juntos, yo desde SEO y él desde AEMS Ríos Con Vida, en contra del proyecto para construir un gran embalse en el río Almonte que, afortunadamente sigue siendo el mayor río sin presas de nuestra región. Incluso este tema de las presas amenazando los escasos ríos naturales de Extremadura, que parece cosa del pasado, es también una amenaza vigente y actual, por ejemplo el proyecto de presa en el río Golondrón, aún en la agenda de los políticos, sin importar que se trate de un espacio protegido por la Red Natura 2000.

Voy a acabar por donde empecé: con el Convenio de Ramsar para la protección de los Humedales. En Extremadura tenemos dos humedales declarados de importancia internacional según los criterios adoptados por dicho Convenio: el embalse de Orellana y el Complejo Lagunar de la Albuera.

famosa y paradisiaca zona de pesca en embalse extremeño
El embalse de Orellana posiblemente ya no cumple los criterios de Ramsar. Ahora es un lugar de ocio y recreo, con playas, embarcaciones deportivas, chalets, concursos de pesca y navegación. Todo genial y dinámico, pero también todo hecho sin preocuparse lo más mínimo por los valores ambientales que otorgan a este humedal artificial su calificación de importancia internacional.  Si no se podía urbanizar por ser suelo protegido, pues se construyen los chalets ilegales y se mira para otro lado hasta buscar una artimaña que permita legalizarlos, si no se podía navegar o pescar en no se qué horas, fechas o lugares, se cambian las normas o se ignoran. Al final nos encontramos con más de 200 casas ilegales en las orillas del embalse, zonas de pesca nocturna junto a territorios de rapaces protegidas, acampadas libres y suciedad o navegación todo el año, con zonas restringidas que se saltan las motoras uno de cada dos días. Lo poco que cría en Orellana lo hace en la cola del embalse, en la vegetación de ribera que aún se mantiene allí, o en las islas de algunos azudes, construidos en su día por la CHG y asesores de la Universidad de Extremadura, para fomentar el anidamiento de larolimícolas. Aunque como vimos en 2011 (aquí), si hay que acumular agua para el riego durante la primavera, a los gestores hidrológicos no les tiembla el pulso para permitir que suba el nivel hasta inundar los nidos, mientras todo el mundo mira para otro lado o se ampara en cortinas de humo y desinformación. Lo malo es que el modelo de gestión del embalse de Orellana y sus problemas, son lo habitual por nuestras tierras.

el agua por fin baja (cortesía Gobierno de Extremadura)
¿Podremos alguna vez gestionar el ocio y los recursos hídricos con respeto por la biodiversidad?. Todo depende de que los responsables de esa gestión lo consideren importante, porque soluciones hay. Por ejemplo está el caso de Iberdrola, que tiene la concesión del aprovechamiento hídroeléctrico del sistema de embalses del Tajo en Extremadura. A mediados de primavera de 2014 decidió llenar hasta los topes el embalse de Alcántara, para poder turbinar energía hidroeléctrica todo el verano (a buen precio por la enorme demanda), para lo que soltó todo el agua que pudo en los embalses superiores, especialmente en Valdecañas. No era la primera vez que lo hacía y las consecuencias de nuevo las iban a pagar las aves: en el embalse de Alcántara (que incluye el Parque Nacional de Monfragüe hasta la presa de Torrejón) varios nidos de cigüeña negra estaban a punto de inundarse con los pollos dentro y en Valdecañas las islas de nidificación de larolimícolas se quedarían unidas a tierra, indefensas ante el acceso de depredadores. Un pescador de los de motora que se mete por todos lados, avisó a la Delegación de SEO en Extremadura, porque le daban pena los pobres pollitos de cigüeña que se iban a ahogar (fijaros que suceso, para reflexionar un rato). El hecho es que esto nos permitió reaccionar a tiempo y amenazar a Iberdrola con acciones penales. Al final hubo conversaciones a alto nivel entre Iberdrola, el Gobierno de Extremadura y SEO. Se dejó de llenar Alcántara y de vaciar Valdecañas, no se ahogó ninguna cigüeña y ahora hay un acuerdo para que Iberdrola conozca las cotas de biodiversidad de los embalses (por llamarlas así) de manera que debería respetarlas siempre.

Esto del pescador de motora que llama para avisar es muy significativo. Muchas veces los que provocan impactos lo hacen sin intención y en realidad es gente que ama la naturaleza (otras veces no, claro está). El caso es que en algunas ocasiones basta con informar a la gente para que no se produzca el impacto e incluso es gente que luego puede colaborar de forma muy efectiva en vigilar y conservar.

Hay mucho camino por recorrer y muchas alianzas por explorar. Seguiremos en ello porque merece la pena y porque hace falta que nos preocupemos todos por los humedales de Extremadura.


  

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